lunes, 27 de abril de 2015

Flavio Josefo


  En estas fechas primaverales, donde el cuerpo me pide sol terracero y solo encuentro la lluvia habitual, aunque por lo menos mis bigotes ya no sienten frío, me puse a leer otro clásico de eso que los bípedos llaman "la Antigüedad" y que a mí me gustan tanto por la sinceridad de esta época a la hora de contar salvajadas.  
 En este caso, ni es un autor griego ni tampoco latino, lo que es todo un exotismo para esos tiempos.  Me refiero al judío Flavio Josefo y su "Guerra de los judíos contra los romanos".
 Bueno, aunque judío, por el nombre parece romano y la obra original está escrita en griego, pero es que Josefo fue un tipo peculiar que supo adaptarse al ambiente que lo rodeó como un camaleón a la hoja que pisa. 
 En esta obra, nos cuenta la revuelta judía  contra Roma del 66-70 d.C. que acabaría con la destrucción del templo de Jerusalén. Pero a mí me ha fascinado la peripecia vital del propio autor en esa guerra bastante cruel y genocida, que ocupa tanto de su obra como la guerra misma.
 Después de una larga pero amena introducción histórica, Josefo se nos presenta como un miembro destacado del sacerdocio judío de mediados del siglo I, de una familia farisea, y como fariseo ejemplar se comportará, pues empezará la guerra siendo un cabecilla rebelde para luego acabarla de protegido de los romanos. Pero vayamos por partes.

 Al principio, tras echar a los romanos de Jerusalén, los dirigentes rebeldes lo escogerán para dirigir las tropas de Galilea, donde tendrá más problemas con los paisanos (quemarán su casa y querrán lincharlo) que con los pérfidos romanos. No para de quejarse del caos revolucionario y que al final la revuelta cayó en manos de dirigentes "bandidos" y "tiranos" a los que culpa de todo... mientras exculpa a los romanos, honrados imperialistas que quieren lo mejor para los judíos de buena familia y por eso arrasan con todo lo que encuentran en Galilea. 
 Pronto se da cuenta que no tiene futuro enfrentarse a las legiones e intenta atrincherarse en una ciudad bien defendida, Jotapata. Pero los romanos la asedian como solo ellos sabían asediar ciudades y en pocos días entran en la ciudad. Josefo y el último grupo de defensores se esconden en un subterráneo, pero son descubiertos. Deciden todos suicidarse en grupo, menos Josefo, que intenta convencerlos con fina retórica de que los romanos quizá sean compasivos y los perdonen. Pero no cuela y casi se lo cargan allí mismo. A Josefo, por su posición, quizá le perdonasen la vida, pero el resto sabían que su fin sería servir de adorno a una cruz.
 Josefo sí logra convencerlos de que es mejor suicidarse mediante mano ajena que por la propia, que si no es pecado gordísimo para Yahvé , así que monta un sorteo, donde el que vaya saliendo debe matar a quien tiene al lado. El mecanismo del sorteo es tan maquiavélico que al final consigue que solo queden vivos él mismo y otro rebelde, mientras los demás se han matado entre sí. Aquí y aquí se describe con detalle el sorteo. 
 Entonces convence al asustado superviviente de que es mejor rendirse y se entregan a los romanos. 

 No acaba ahí la historia de las habilidades de Josefo. Pues presentado ante Vespasiano, que dirigía el asedio, se presenta como sabio y experto astrólogo y le predice que será emperador. A su hijo Tito, algo crédulo, que estaba presente, lo convence, así que por si acaso, Vespasiano lo mantiene en agradable custodia. Además, un tipo del rango de Josefo quizá fuese útil.
  Meses después, muere Nerón y el imperio cae en un vacío de poder en el cual Vespasiano es proclamado emperador, tal como había predicho Josefo. Sea pura chiripa o que el fariseo tenía poderes de cuarto milenio, lo cierto es que Josefo es liberado y tratado como un amigo de los romanos, en particular de Tito.
A él acompaña en el asedio final de Jerusalén, donde se convierte en la principal fuente directa para la posteridad de lo que allí ocurrió. 
 En un par de veces se acerca a las murallas para convencer a sus paisanos de que se rindan ante los compasivos romanos. La primera vez lo abuchean y tachan de traidor y la segunda le aciertan con una pedrada que casi lo deja en el sitio. Pero nunca se considera un traidor en su obra y se justifica siempre que puede: La rebelión no tiene sentido y el fin de ella solo puede ser la destrucción.
 Josefo, como hombre de su tiempo, es de una frialdad glaciar contando las crueldades del asedio, como cuando nos relata como los que escapaban de la ciudad eran abiertos de en canal por los auxiliares sirios para ver si se habían tragado joyas y "en una noche abrieron las entrañas a dos mil hombres".  
 Pero también tiene sus momentos para el humor, como cuando relata la llegada al campamento romano de un reyezuelo de origen macedonio con sus soldados de aspecto modélico y de lujosas armaduras, y su posterior derrota lastimosa en un sector de las murallas defendido por un puñado de judíos sucios, mal armados pero muy cabreados. 
 Anécdotas como esta abundan en su texto y lo dotan de un realismo que agrada al lector moderno. Josefo, pese a estar siempre disculpándose de su traición, es veraz en lo que cuenta y sabe adornarlo. 
Poco a poco, los romanos van tomando Jerusalén por partes, mientras Josefo se lamenta de la locura de los rebeldes ante lo inevitable. Cuando el templo arde en llamas y se derrumba, la ciudad cae en manos romanas.  

 Josefo nos cuenta como los compasivos romanos, tras la victoria, se divertían crucificando a los rebeldes que quedaron vivos en diferentes posturas en los restos de las murallas de la ciudad. Y así "ni su gran antigüedad, ni sus vastas riquezas, ni la fama de su nación sobre la tierra, ni la grandeza de la veneración prestada a su religión, fueron suficientes para preservar la ciudad de ser destruida."
 El sic transit gloria mundi versión judía.

 En fin, Josefo logró salvarse a él y su familia. Vivió muchos más años, convertido en un historiador de su pueblo, respetado por lo romanos y por la exigente posteridad, porque nombró a Jesús en una de sus obras. 
 Si no hay nada como ser un fariseo.


lunes, 30 de marzo de 2015

Próxima novela



 Ante la noticia de que mi amo piensa publicar otra novela en Amazon, mi reacción fue la de pedir otra lata de atún y luego tumbarme a la bartola, usando un ejemplar de su primera novela como almohada, tal como aparece en la foto que inicia este comentario. 
 Busquen significados metafóricos al gesto si les apetece, que ya sé que los humanos son muy dados a la fantasía del simbolismo, pero les aviso antes que no tiene ninguno: simplemente tenía sueño y las hojas de esa obra son muy suaves. 
 Es que las ideas absurdas de mi amo ya no me sorprenden y ni siquiera las encuentro útiles desde el momento en que se ha pasado a la edición digital y no puedo usar el papel de sus obras como pedestal de mis gloriosas mandíbulas.
 Mi amo me promete que publicará en papel sus obras, que Amazon ofrece esa posibilidad a sus autores digitales sin ningún coste, mediante el sistema CreateSpace, pero que su vagancia no lo apresura a enviarles las novelas y la portada con el formato que piden, que ya lo hará, que además los clientes de Amazon compran mucho más en digital, que hay que pensar en los árboles y que bla, bla... chorradas de excusas, en el fondo lo hace por joderme las siestas.
 Ya veremos como le sale de bien esta nueva aventura que promete para verano. Todavía está "puliendo" el original y le falta la portada. Pero se avecinan nuevos tiempos de orgullo desmedido, me temo.


Menos mal que ya sale el sol y puedo salir a la terraza.

sábado, 28 de febrero de 2015

Armas, gérmenes y acero



  En estos días de lluvioso y metálico invierno gallego  - ¿existe el sol?-  me distraigo mirando por la ventana como se mojan los humanos y leo cosas sobre su devenir, como este ya clásico "Armas, gérmenes y acero",  de Jared Diamond.  ganadora del premio Pulitzer en 1998 y quizá la visión más lúcida sobre el trasfondo de la historia humana y un golpe en el duodeno a los humanos que se creen especiales sobre los demás por su color de piel, etnia o capacidad intelectual. 
 El libro es profuso en datos y ejemplos, muchos de ellos exóticos,  ya que se basan en la experiencia del autor en Papua-Nueva Guinea. Diamond no es historiador, es catedrático de geografía y fisiología. Conoce como nadie la importancia de las condiciones geográficas, ambientales y biológicas en el desarrollo de las comunidades humanas. Su teoría se puede resumir en que varios pueblos euroasiáticos tuvieron la suerte de nacer en terrenos propicios para el nacimiento de civilizaciones, por lo cual surgieron primero en esas zonas euroasiáticas antes que en otras áreas menos propicias, como América, donde además no había tanta diversidad de animales y había peores vegetales para domesticar. 
Además, los americanos, faltos de animales de ganado, eran más vulnerables a las enfermedades epidémicas, cuyo origen es el ganado doméstico, al revés que Europa o Asia, donde el ser humano pudo crear anticuerpos para enfrentarse a ellas durante milenios. De ahí que los españoles llevasen enfermedades devastadoras a América y no al revés.
 Las carencias en plantas cultivables de gran rendimiento y animales domésticos grandes y dóciles impidieron en América y otras zonas, como el África subsahariana (donde hay mucho animal pero ninguno dócil) , un crecimiento demográfico igual al de Eurasia, por carencia de suministros abundantes. A mayor comida, más gente y más posibilidad de genios que inventen o desarrollen tecnologías,  más facilidad para organizar ejércitos mejor armados, mejores barcos, etc...
 Por otra parte, las barreras geográficas en Eurasia no son muy importantes para la rápida extensión de la civilización con sus plantas y animales domésticos, al extenderse en un eje Oeste-Este que permite la propagación de cultivos y animales siempre por latitudes de condiciones climáticas semejantes. Sin embargo, África y América son continentes con eje Norte-Sur de sus cordilleras, que impide la extensión de cultivos acostumbrados a una determinada latitud y contienen barreras geográficas más difíciles de atravesar. Esto hace que sus núcleos de civilización estén aislados unos de otros, impidiendo el contacto entre culturas, que favorece el desarrollo de tecnologías e ideas.
 Pero Diamond no es determinista, al menos no del todo, ya que afirma que las sociedades, al desarrollar cada una su propia forma de gobierno y corpus ideológico, son dueñas de su destino. Lo que explica que los expansivos países europeos de la Edad Moderna hayan conquistado y colonizado América en vez de la aislacionista China. 

 En fin, una explicación convincente y muy recomendable de la base de las civilizaciones humanas.

 Los gatos no necesitamos tanta explicación: dominamos el mundo porque sí. 



viernes, 9 de enero de 2015

El Informe Hitler



 No hay nada como pasar las fiestas navideñas leyendo algo que no tenga que ver ni en lo más remoto con tales festividades humanas, que me agobian sobremanera. 
 Esta obra cumple a la perfección tal misión. Es el informe que la NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos) elaboró para el mismísimo Stalin a finales de los años cuarenta y que este guardó en su archivo privado. No es una obra cuyo objetivo fuera la publicación. Es una obra escrita según los gustos del mandamás soviético, que siempre tuvo cierta fascinación por su rival alemán, sobre todo por sus métodos para controlar a su pueblo y partido. 
 La obra se basa en los interrogatorios, a veces violentos, realizados a Otto Günsche, ayuda personal de Hitler, y a Heinz Linge, Jefe de su Servicio Personal. Dos nazis de segunda línea pero muy cercanos al Führer en su vida cotidiana, hasta el límite que ambos fueron quienes incineraron su cuerpo y el de Eva Braun.
 Es un informe que indaga principalmente en la forma de pensar y mandar del jerarca nazi, que es lo que interesa a Stalin. No es una biografía, es un informe de la personalidad y sus reacciones a los hechos que van desde su llegada al poder hasta su suicidio en el búnker. Son justamente los meses finales del búnker los que ocupan casi la mitad del informe, como si Stalin estuviera muy interesado en la época final de su enemigo y en saber cosas de su muerte.  
 Los que escriben el informe conocen a su jefe e intentan siempre mostrar la superioridad e importancia del ejército rojo en la guerra mundial. Los aliados occidentales parecen comparsas en la guerra; se citan todos los comentarios de desprecio de Hitler hacia ellos e incluso se les considera de poco fiar, pues cada dos por tres se mencionan supuestas reuniones de los alemanes con ingleses y americanos para hacer un armisticio.  También se les acusa de ser sospechosamente lentos en crear un segundo frente. En fin, todo lo que Stalin acusaba de ser a sus aliados.
  Por otra parte, Hitler se nos muestra como un tipo con facilidad de palabra y carisma, pero cruel, megalómano ("no tengo descendencia porque los hijos de los genios son unos cretinos") y obsesionado con los judíos, rodeado de una pequeña corte de incompetentes y aduladores de un nivel intelectual bajísimo y una catadura moral deleznable, que acabarán dejándolo solo cuando las cosas se tuerzan.
 Un líder que pide sumisión total a sus hombres pero que es muy educado en privado y de gustos muy sencillos; vegetariano, no fumador y abstemio, que se relaja paseando a su perra Blondi, tomando el té con Eva Braun y sus amigas, que escucha operetas antes de dormir y suele levantarse muy tarde, casi al mediodía. "De hábitos burgueses" según el informe.
 Pero que se convierte en un ogro déspota en las reuniones informativas sobre la guerra, que siempre son al mediodía y por la noche. Para Hitler, la guerra se la pierden sus generales, que no comprenden nada de la guerra moderna y que no tienen suficiente espíritu... por lo menos no lo tienen delante de él. Es casi divertida la escena en que el jefe del Estado Mayor Guderian le presenta el balance de la situación en el caótico frente oriental balbuceando las palabras porque está hasta las cejas de coñac, que ha tomado a raudales para darse ánimos antes de presentarse ante Hitler.
Son estas anécdotas de primera mano las que dan color e interés al informe, que está escrito en un estilo fresco, directo, con diálogos mayormente inventados, para agradar y no aburrir al todopoderoso Stalin. En algunos momentos alcanza un nivel de pura literatura, como cuando se nos describe a Hitler en el búnker, acariciando al cachorro de su perra Blondi, ajeno al mundo, mientras las bombas caen  a cientos sobre todo Berlín.
 Una obra estupenda, quizá el mejor informe escrito por un servicio secreto (que sepamos, claro), y una muestra más de la importancia de las obsesiones entre los humanos y su capacidad para dominarlos.
 Es grande ser un gato.









martes, 25 de noviembre de 2014

El queso y los gusanos: el cosmos según un molinero del siglo XVI



 He aquí un libro singular que he leído los últimos días y que me afianza en mi teoría de que la humanidad necesita ser regida por felinos inteligentes como yo.
 En esta obra, Ginzburg hace una descripción minuciosa del proceso inquisitorial, más bien dos procesos separados por 15 años, que sufrió un molinero de la comarca de Friuli, al noreste de Italia, a finales del siglo XVI.
Nos presenta un hombre de escasa cultura, debido a su nacimiento en un pueblo rural, pero de agudo intelecto y que se define a sí mismo como "filósofo, astrólogo y profeta". Un molinero que sabe escribir y leer, que ha viajado a Venecia y comprado libros allí, que no sabe latín, pero ha leído la biblia traducida y otros libros tan diversos como el Decamerón, la Divina Comedia, el Corán y el Florilegio de la Biblia. Un hombre solitario por sus ideas, pero querido por su comunidad, siempre dispuesto a echar una mano, pero también a polemizar con cualquiera sobre lo que no se debe polemizar, que a la edad de cincuenta años, en 1584, es denunciado a la Inquisición por el párroco de su pueblo, acusado de hereje y, lo peor para él, por levantar dudas en otros sobre el dogma de la Iglesia. Se llamaba Domenico Scandella, pero todos le llamaban Menocchio.
 Ante sus asombrados jueces, Menocchio, vestido con su traje blanco de molinero, disertará sobre las creencias que ha ido construyendo a lo largo de su vida, sin miedo al castigo, como ilusionado de encontrarse por primera vez con gente culta, como siempre había deseado, una gente con la que poder discutir. Desgraciadamente, pronto descubrirá que unos inquisidores no resultan ser los mejores contertulios.
Sobre todo si les dices que el universo se originó de una materia informe, como un queso, y de él salieron Dios y los ángeles, como si fueran gusanos. Nada surge de la nada, dice Menocchio, que resulta ser un materialista, así que Dios tuvo que crear el mundo de algo que ya existía: el famoso queso cósmico, que hace las funciones de caos primigenio. Luego se embala, ajeno al peligro: Jesucristo fue un hombre, nada más, la Trinidad no existe, es un invento de "curas y frailes", como los Evangelios, que son otro cuento; el alma muere con el cuerpo, es la conclusión más racional, aunque para pasmo de los inquisidores luego afirmó que hay paraíso (¿por miedo?); la Virgen, bueno, de virgen tenía poco, es absurdo pensar que se puede ser virgen después de parir; los musulmanes, cristianos y judíos vienen a ser lo mismo, cada uno tiene las costumbres de su pueblo y todas son válidas porque Dios es uno para todos; estamos hechos de los cuatro elementos de los antiguos griegos, pero el fuego es el principal (Menocchio es un seguidor de Heráclito aunque seguramente no conozca al filósofo griego) ...
 No es de extrañar que lo condenarán a pasar la vida en la cárcel. Comparar a Dios con un gusano era para poner a los inquisidores echando fuego. Si no le condenaron a muerte fue porque quizá les pareció un loco fantasioso.
 Pero dos años después consigue salir, por buena conducta y diligencias de su hijo mayor.
 Desgraciadamente, quince años después vuelve a ser detenido. Todo había cambiado para el viejo molinero: su mujer había muerto, su hijo mayor también, el resto de hijos lo tomaba por loco y apenas trataban con él, mucha gente lo evitaba por haber estado en prisión, se ganaba la vida tocando la guitarra en las fiestas... pero seguía pensando lo mismo, no se había rendido. 
 Esta vez apenas le preguntaron, fue directamente llevado a tortura para saber si conocía a más que pensaban como él, pero no delató a nadie, siempre afirmó que eran sus fantasías. Solo nombró a su señor feudal, con quien había hablado hacía tiempo de esas cosas. Los inquisidores ya no preguntaron más para no meterse en líos con la nobleza. Si Menocchio lo hizo aposta, le salió bien. Le dejaron en paz, pero en prisión.
Desgraciadamente, era un prolapso, un reincidente y no había más destino que la ejecución. Aunque el inquisidor que llevó el proceso sintió clemencia por un reo tan singular y escribió a la Santa Sede sobre el posible perdón, la contestación fue clara: según la documentación era un ateo, que es peor que ser hereje, incluso se menciona que el mismo Papa se había fijado en el asunto. Así que la justicia debía seguir el proceso. Por aquellas fechas se estaba juzgando a Giordano Bruno, y tal como dice Ginzburg, se daba ejemplo a las clases altas con Giordano y a las bajas con Menocchio.
El pobre molinero y tocador de guitarra fue ejecutado. Tenía 67 años.
 Ginzburg hace un estudio pormenorizado de las creencias de Menocchio gracias al proceso inquisitorial. Concluye que son la muestra de un sustrato de creencias rurales muy antiguo, materialista y práctico, ajeno a dogmas y teologías, y por tanto contrario al modelo de los poderes establecidos. En el caso de Menocchio, los  mezcla con invenciones de su cosecha, sacadas de sus lecturas y curiosidad por el mundo, creando una cosmogonía singular y a ratos disparatada. Una curiosidad unida a una locuacidad que lo llevaron a la muerte. Porque, para desgracia del extrovertido Menocchio, no nació en una época y en un lugar que aceptase las fantasías librepensadoras... ni en los molineros.
 Lean este libro, considerado ya un clásico de la historia. Viajen con Ginzburg por la comarca de Friuli, la mente de Menocchio y el asombro de sus inquisidores.
 Aclara muchas cosas sobre la condición humana.







lunes, 27 de octubre de 2014

Nuevos pensamientos sobre publicar en Amazon



 Anda mi amo un poco contradictorio de ánimo. A veces, se alegra; otras, se desespera, y hasta se lamenta. Tales reacciones no dejan de ser un comportamiento normal en humanos decadentes de mente limitada, pero esta vez la causa no es la típica neurosis existencial, sino los resultados de sus publicaciones en ese universo paralelo llamado Amazon.

 Ha comprobado que la gente lee lo que escribe, que incluso puntúa y critica bien sus desbarres literarios. Pero las descargas legales lo dejan perplejo. Su novela ha tenido muchas más que su antología de cuentos, que apenas ha tenido un número de descargas testimonial,  pero se habla mucho más de ella que de la novela. Alcanza cotas numerosas de opinión favorable, gente que pincha que la ha leído en un número centenas de veces superior al de las descargas legales, se ha convertido en todo un pequeño éxito... bucanero. 

 Así que nos encontramos con esta curiosa paradoja. Si en Amazon tu obra es poco comentada, aunque tenga buenas críticas, las descargas legales abundan a sus anchas, dentro de un claro nivel de autor indie, por supuesto, pero son hasta agradables, no cesan y pasados unos meses se cuentan por centenas. Sin embargo, si tu obra tiene cierta fama y aparece en algún que otro top, el pirateo se convierte en la principal fuente de acceso a ella. Surge tanta oferta filibustera que bajarse la obra en descarga legal resulta más bien un ejercicio de bondad hacia el autor. Y la bondad no es una virtud que se extienda por contagio.  

 Triste imagen del mundo humano, comenta mi amo, mientras cruza los dedos para que su novela no se haga tan famosa como su antología de cuentos y el pirateo la apabulle. Pero los felinos sabemos desde hace mucho que tal imagen no es triste, que es simplemente la única que ofrece su especie. 

En fin, si se limitara a darme atún, sería mucho más feliz.


viernes, 26 de septiembre de 2014

Marte de colores



Llega el otoño, esa estación de hojas rumberas y altas ventas de antidepresivos. Como gato casero que soy, me importa un bledo la bajada de temperaturas, siempre y cuando la calefacción no se apague y mi amo me permita usar su cuerpo como colchón calentito por las noches. La gata con la que comparto territorio ya ha asumido que el amo es mi calefactor personal y se limita a dormir a sus pies, sin intentar desplazarme de su barriga. Es un paso para que me caiga más simpática, pero le queda mucho camino.  
 Respecto a los libros que ando leyendo, acabo de finalizar un clásico de la ci-fi de los 90 que tenía pendiente, "Marte Rojo", de  Kim Stanley Robinson

 De esta novela se habló mucho y bien, incluso Arthur. C. Clarke llegó a decir que era la mejor novela escrita sobre Marte. Realmente es la primera novela de una trilogía y se nota, pues su final acaba dando a entender que la historia sigue y... bueno, tampoco es que me haya dejado ganas de leer cuanto antes las otras dos novelas para saber como sigue. Lo acabaré haciendo, pues soy un animal que le gusta acabar lo que empieza, pero, en este caso, sin prisas. 

 No es una mala novela, ni mucho menos. Nos cuenta la primera fase de la colonización de Marte, en un futuro cercano. Desde luego, el autor sabe de lo que escribe y sus conocimientos de la geografía, la geología y la posible terraformación marciana son notables y entretenidos de leer. Evita caer en el pedantismo y lo que describe no sufre el error de la disgresión, tan típica de las novelas de ci-fi: explica cuando es necesario, no para rellenar.

Es una obra coral,  y la diversidad de puntos de vista me gusta. No rehuye hablar de los problemas políticos, económicos, sociales y hasta ecológicos que implican la colonización de un planeta. Pero se centra más en los problemas morales que les surgen a muchos colonos de la primera oleada, los "primeros cien", un grupo principalmente compuesto de científicos más o menos idealistas, donde destacan algunos personajes.

 El resultado de la colonización de Marte es bastante previsible, si se conoce un poco al ser humano: en pocos décadas se monta un pifostio de notables dimensiones... y no cuento más. Solo que el Marte Rojo va a perder color. 

 Vaya, se pensarán algunos, si es una buena novela, además bien documentada, que no se corta en tratar ningún tema relacionado con la colonización de un planeta...  ¿en qué te falla, gato exigente?
 Pues en que, por algún motivo, no me engancha su lectura. Quizá la mezcla de acción, divulgación científica, teoría político-social, romance más una pizca de intriga no me cuaja bien, por simple exceso de mezcla. Por otra parte, me sobran algunos personajes, que parecen puro relleno, y otros, que los quiero ver más, de pronto, la palman. Además la mitad de la novela es un flash back que ya sabes como va a acabar, un recurso narrativo que no me gusta personalmente. En fin, se me hace larga, un pecado casi imperdonable para un gato. 

 Leeré las dos siguientes novelas (Marte Azul y Marte Verde) sobre esta saga marciana para hacerme con una visión clara de toda la historia. Puede que cambie el sentimiento agridulce que me invade si valoro todo el conjunto. Aunque una lata de atún haría el mismo resultado sin perder tiempo.  

Como curiosidad, esta novela y sus continuaciones sirvieron de inspiración para crear la ¡¡bandera marciana.!!