jueves, 11 de junio de 2026

Miradas de sofá.

 




 Observar el mundo desde un sofá es un arte al alcance de pocos humanos. Requiere tiempo, voluntad y estar dotado de felina indiferencia, que es un poder inalcanzable para la mayoría de la humanidad. Por otra parte, las recompensas son grandes. La vida se muestra en toda su ironía. 

 Veo que mi humano ha tenido un relativo éxito en su participación en el juego sobre la Guerra Civil. Como vivimos en un capitalismo con acelerador atascado, ha sido requerido de nuevo para otro juego similar. La máquina productiva no puede parar; las masas quieren más fichitas moviéndose como termitas por un mapa. Y si no las quieren, se las creamos para que las quieran.

 En este caso, será un wargame sobre la Guerra de Independencia. Ese tour salvaje que se montaron franceses e ingleses por la península, con un montón de guerrilleros en el paisaje. Nunca tantos curas de pueblo pudieron disparar libremente a herejes extranjeros. Fue su gran momento. 

 Para este proyecto ya hay una base hecha del anterior y es cuestión de cambiar la época, sustituir tanquistas por húsares, adaptar mecánicas y perder tiempo, mucho tiempo. Mi humano es un maestro en la pérdida de tiempo frente a una pantalla. Yo prefiero perderlo en el sofá, que es mucho más cómodo. Mientras asiento, misericordioso y solemne, a cada comentario que hace para convencerse de que es una gran idea. 

Ha entrado en bucle pensando en cargas de coraceros franceses, eso es bueno. Molesta menos.


 

miércoles, 18 de febrero de 2026

War in Spain 1936-1939

 


 Pues ya salió el jueguecito que mi siervo humano llevaba tramando desde hace unos años. Un wargame sobre la Guerra Civil de los de antes, con gráficos vintage, datos a mansalva, detalles obsesivos y unidades históricas a cascoporro. Solo para masocas y fanaticos del asunto. Vamos, la gente tan majara como mi humano.

 Desde luego, es el juego de PC más exhaustivo realizado sobre el conflicto. No voy a decir que no, pero también debe ser de los más cometiempos y, seguramente, en la lista de los más neuróticos. Quedan avisados. Así que si gustan de batallitas con datos excell, logística kafkiana y fichitas que se mueven como termitas, este es su juego. Por otra parte, bombardear el cuartel general de Franco o convertir Barcelona en un nido de fachas no tiene precio.

 Desde luego, mi servidor humano merece un arañazo por no poner a ningun comandante felino en la lista de generales. Imperdonable... y seguramente un fallo en historicidad. 


Les pongo un link: WAR IN SPAIN

 

jueves, 6 de noviembre de 2025

Existencia en bucle

 

   



  Anda mi humano muy deprimido en su ego. Resulta que su orgullo de especie dominante y central del universo se ha resquebrajado todavía un poco más. 

 Ya en los dos últimos siglos, los humanos han pasado de soñar que habitan el centro del cosmos a darse cuenta que viven en un mota de polvo, en una esquina de una galaxia mediocre, y de ser la especie elegida por la divinidad a ser la evolución natural de un mono bastante macarra. Desde luego, es para echarse a llorar.

Pero es que ahora, encima, el mismo universo ha pasado de ser el Todo Unico a quedarse en solo un vómito revuelto de un agujero negro. No lo dice mi mente felina, sino unos astrofísicos que se preguntaron adónde va lo que tragan los agujeros del espacio y han concluido que es probable que a formar otro universo nuevo, en un chorrazo que se expande. 

Así que cada agujero negro, gargantúa cósmico, no es más que un hacedor de realidades a chorro, como la nuestra, una entre muchas, en un multiverso conectado por los agujeros de marras, que son lo más parecido a un Olimpo de dioses revoltosos. Pero dioses oscuros, terribles y, lo peor, indiferentes a tus problemas cotidianos.

Pero la insignificancia no cesa. Existe otra teoría que nos propone que, en los agujeros negros, se retuerce tanto el espacio-tiempo que se pueden originar bucles de tiempo. En los cuales todo se repite eternamente, una y otra vez, de principio a fin y vuelta a empezar. Bucles que pueden ser de miles de millones de años y del tamaño de nuestro universo, o eso le parecería a uno de sus habitantes.

Imaginen entonces, que nuestro universo puede estar surgiendo en un Big Bang, expandiéndose sin cesar durante eones, hasta que vuelve a concentrarse en un Big Crunch, para luego volver a surgir de nuevo... y nosotros dentro, naciendo, creciendo y resucitando en bucle, para vivir la misma existencia una y otra vez, cometiendo los mismos errores y aciertos. 

Y yo, que es lo único que me importa, comiendo latas de atún ad infinitum.

¿A qué es maravilloso?




viernes, 4 de julio de 2025

Ilusiones de verano

 




 Trs varios meses, mi soñador humano sigue en su cruzada lúdica, dispuesto a que informáticos de diversos países, testeadores yanquis de juegos, algún que otro español infiltrado y artistas digitales perezosos, se coordinen de alguna manera para acabar un juego estratégico sobre la Guerra Civil de aquí.

Todo esto mientras intenta acabar una novela, a la que a veces se acerca sin recordar por donde la había dejado. Es estupendo.

Pero no le voy a quitar su ilusión estival, porque me encanta la gente que piensa que el mundo es un desafío maravilloso en el que se cumplirán sus sueños más tarde o más tempano. Luego se estampan contra la realidad, que es lo más sincero que existe, suspiran resignados y, finalmente, adoptan un gato. A veces un perro, pero esos son unos enfermos. 

 Aunque hay incurables que siguen pensando que el mundo está ahí, a la espera de cumplir sus deseos, lo que pasa es que la gente no comprende su genialidad. Estos humanos son un peligro. Suelen degenar en profetas o, peor todavía, en políticos comprometidos con sus ideales, casi siempre totalitarios, pero que suenan bien si los adornas con discursos dramáticos. Porque los humanos valoran más la tragedia que la comedia. Los griegos ya lo sabían y no paraban de escribirlas. 

 Ya veré en qué acaba esta historia, mientras me desentiendo, me estiro al sol y disfruto del verano. 

jueves, 6 de marzo de 2025

Gueim Disaigna

 



 Mi humano lleva un tiempo agitado, porque se ha metido en la elaboración de un videojuego de estrategia militar. Es como si una sardina se pusiera a estudiar mecánica cuántica... y en inglés, pero no seré yo quien le disuada de tan loca ilusión. 

Las circunstancias que le han llevado a esta situación épica han sido la casualidad de conocer en un foro a un desarrollador de un juego sobre la guerra civil española, el cual buscaba a un español medio que tuviera idea del tema. Su ansiosa búsqueda de un españolito se debía a la lógica del marketing de meter un indígena en el equipo de desarrollo para parecer más auténtico... y de paso que pula las palabras en castellano del mapa y de lo que vaya surgiendo. 

 De esta manera, mi humano es ahora Game Designer (diga "gueim disaigna") de un juego sobre la matanza doméstica entre españoles de hace 90 años y recibe preguntas de yanquis informáticos como si fuera el historiador Paul Preston, el Beevor o un Tácito del Mercadona. Va a ser glorioso.

Les seguiré informando de esta fantástica y surrealista aventura. Por lo demás, espero que su nueva locura lleve a una mejora en la calidad de mis latas de atún.

martes, 27 de agosto de 2024

Materia e idea.

 

  



 Después de unos meses mostrando el mensaje publicitario de la obra de mi humano, creo que ya estoy libre de cualquier obligación moral con ese infraser que me da alimento y cobijo. Aparte de que la moral y un felino son términos contrapuestos. Por lo que retomo mis divagaciones sobre mi existencia divina, que es lo que me importa.

 Hace unos días, me encontraba mirando la ría desde la ventana, en mi posición zen de observación. El mirar el mar me relaja, pues no deja de ser una masa informe, ondulante y rellena de sombras, como un sueño sin complicaciones. Mi humano se ufanaba a mis espaldas en montar una estantería, otra más, para su creciente colección de libracos; de los cuales, aparte de perder el tiempo en su lectura, no saca ideas ni conclusiones, pero que le hacen sentirse un intelectual incomprendido y orgulloso.

 Así que pensé que frente a mí, estaba lo primigenio, la masa sin forma ni sentido, el abismo que es el origen del universo en muchas culturas y que, según la ciencia, no deja de ser una creencia bastante cierta, pues sus profundidades son el origen de la vida sobre la Tierra. Por otra lado, a mi espalda, estaba el orden racional, la forma sometida a la idea, el pensamiento en la materia... y no, no me refiero a mi humano ufanoso, ni de coña, sino a la estantería de seis baldas que estaba intentando montar; una forma geométrica, diseñada, sencilla y armónica. 

Y en el medio yo, un gato, el justo término medio, la perfección. 

Hay días que la realidad nos da pistas y las pillamos. 


jueves, 7 de marzo de 2024

Cleruquia II

 



 Mi humano acaba de sacar otra novelita. El mundo es así de generoso, que permite que se perpetren estas cosas. Encima, no es una idea original, sino la continuación de una historia anterior, que obtuvo cierto éxiro y que mi humano intenta exprimir para sacar más jugo. Realmente patético. Pero quién soy yo para hablar de las debilidades humanas. 

Aquí les dejo una somera sipnosis y un enlace por si quieren sufrir.

 Continuan las aventuras del príncipe, el profeta, el aristócrata diletante y alcohólico, su mayordomo y la joven que busca descubrir una salida de Cleruquía, la nave generacional que lleva mil años en el espacio en dirección a su planeta destino. En medio de la política, el espionaje y una pizca de magia, los personajes continuan su exploración y curiosos descubrimientos por los países de la gran nave. Sin olvidar a un caballero oscuro y unos extraños engendros de piedra.. Todos intentan sobrevivir dentro de Cleruquía... y alguno fuera.


Se puede comprar AQUI


Bajo su entera responsabilidad.

lunes, 19 de febrero de 2024

Sic transit

 



 Mi humano volvió a pasear por su ciudad natal después de un tiempo considerable. Hasta ahora, sus visitas se habían limitado, desde hace años, a determinados lugares, siempre los mismos y casi en el mismo orden, sin darse una vuelta por el resto. Los humanos son así de rutinarios, es lo único que me gusta de ellos, porque los vuelve previsibles y a los felinos no nos gustan las sorpresas. Lo asombroso se lo dejamos a los perros, esos idiotas que nunca dejan de ser cachorros.

 Pero mi humano decidió dar una vuelta por la ciudad de su infancia. Voy a ver los cambios en los viejos recuerdos, se dijo, pensando como un aventurero que viene de un largo viaje. Y vaya si se encontró con cambios. Mi humano descubrió, de pronto, que el paso del tiempo es implacable y que llega un momento, como una bofetada a mano abierta, en que descubres que te has vuelto un puñetero viejo. Ya nada está igual y ya nada recuerda donde has vivido. 

El pasado eres tú y estás de visita.

Calles oscuras donde aparcaba el coche convertidas en amplias avenidas peatonales, garitos de su juventud reconvertidos a pastelerías, plazas de cemento transformadas en llanuras de tierra con arbolitos, tan ecológicas como absurdas; bellas fachadas ahora son ruinas de silencio, los cuarteles con soldados de guardia evolucionaron a museos vacíos en busca de exposiciones, las librerias sustituidas por cafeterías bohemias; hasta su antiguo piso ya no es su hogar, es un sitio extraño, sin sus cosas, sin nadie, donde se siente un poco intruso. El paisaje desde su ventana tampoco es el mismo. 

 Los viejos recuerdos no han cambiado, es que ya ni existen.

 Mi humano prefirió no seguir buscando lo que ya no iba a encontrar y se ha ido de su ciudad, a su casa, que ahora le parece su único hogar. Con gesto amargado se ha abierto una cerveza y ahora se sienta en la terraza, mirando el mar. Al menos, murmura, pase el tiempo que pase, ese montón de agua seguirá ahí. 

Le solté un maullido pidiendo atún, para que deje de pensar en chorradas.  

jueves, 16 de noviembre de 2023

No reply

 



 Se acerca el invierno y un nuevo año, por lo que mi humano está preparando la salida de otra novelita con la que torturar a sus congéneres. Anda buscando a su ilustrador de siempre para las portadas, que no responde a sus mandatos, imagino que para preservar su salud mental. Aunque mi humano, en su inocente ignorancia, piensa que es porque le ha pasado algo grave. 

 Todo esto me ha llevado a meditar en el sofá, entre siestas y estiramientos de patas, sobre el frágil hilo que sostiene la mayoría de las relaciones en la actualidad. Gran parte de ellas ya son virtuales, con gente a distancia sideral, que, a veces, se ven en persona, pero otras veces, cada vez más, no se ven casi nunca en la vida, o en fechas fijas cada x dilatado de tiempo; y un día, un corte repentino en la via de comunicación, sin motivo aparente, lo cesa todo, no hay nadie que responda en la pantalla. Fin repentino.  

 Entonces surge la duda y la gente se da cuenta de que realmente no sabe nada de esas personas, de su vida cotidiana, de los apuros, de las nimiedades que rigen nuestras vidas, pero que el protocolo de las redes aconseja no mencionar, porque las redes, como todo medio de comunicación, tiene su etiqueta. Y ya no molestas, te preocupas pero no insistes, no quieres parecer pesado, pero te sientes abandonado, aunque tengas 50 contactos más en tu lista. Si hay un amigo común, pides que pregunte, con disimulo, alguna explicación. Pero suele pasar que ese contacto común no sabe tampoco qué pasa, también está sin respuesta, porque se comunicaba como tú, a distancia, mediante una red invisible que ya no devuelve los mensajes. Fin repentino.

 Me dan pena las humanos. Se sorprenden por las desapariciones, cuando los gatos sabemos, que en la realidad, lo raro es que algo permanezca. 

 Pero qué le vas a pedir a seres que ni pueden lamerse los genitales. 

martes, 16 de mayo de 2023

Sobre un veneciano


 

“Señores emperadores, reyes, duques y marqueses, condes, hijosdalgo y burgueses y gentes que deseáis saber las diferentes generaciones humanas y las diversidades de las regiones del mundo, tomad este libro y mandad que os lo lean…”

 Así comienza una de las obras que más han inspirado a los exploradores desde la Edad Media hasta hoy. El libro de cabecera de Cristóbal Colón, la obra escrita por uno de los viajeros más famosos y embaucadores de la Historia, dictada entre las paredes de una celda.

Allí acabó nuestro comerciante veneciano, maese Marco Polo, cuando fue apresado en la mar por los eternos enemigos de Venecia, los genoveses. Si no fuera por este arresto y el tiempo que pasó preso el eterno viajero, dictando sus aventuras para pasar el rato a su compañero de celda, Rustichello de Pisa, quizá nunca conoceríamos su viaje al lejano oriente y las maravillas que vio “que no pueden dejarse en silencio.”

Marco Polo le habla al asombrado Rustichello de la patria de los tres reyes magos de Oriente y de sus tumbas con los cuerpos todavía incorruptos de Gaspar, Melchor y Baltasar; escucha las voces de espíritus que lo llaman en la noche silenciosa del desierto de Takla Makan; nos describe el maravilloso palacio móvil de Kublai, hecho de bambú, con su extenso jardín cerrado lleno de árboles, flores, fuentes y animales exóticos para disfrute del gran señor; de la espléndida corte que le acompaña, compuesta por nobles, soldados, sabios, monjes y magos… de las cacerías del Gran Kan, que no se acompaña de perros, sino de una manada de tigres. 

 Informa al público europeo de la magnificencia de la ciudad mítica, Xanadú, nombre que a partir de este momento se convertirá para la cultura occidental en sinónimo de esplendor y opulencia. Nos habla de los bacsi, los monjes budistas que dominan la corte del gran Kan y que en los suntuosos banquetes ofrecidos por el emperador usan técnicas de telequinesia para acercar la copa de vino o los manjares a la boca de su señor: camareros concentrados, desplazando objetos con su mente. ¿Magia pura o simple imaginación del autor? Da igual, todo lo que cuenta es fascinante, evocador y apasionado. Los 20 años de su viaje y estancia en Oriente son un continuo desfile de asombro y maravilla, ¿Quién somos para llamarlo mentiroso?, ¿Acaso importa? Marco Polo curiosea y pregunta por todo, y su mente, medieval todavía, reinterpreta el mundo como un cuento de fantasía.

Marco Polo, en el fondo, es muy gato. 


jueves, 19 de enero de 2023

Otro invierno

 



 Tras un otoño apacible y unas navidades estresantes, como lo son todas la navidades para los gatos caseros, me encuentro de nuevo mirando por la ventana un temporal de invierno. Vuelve la rutina, aunque resulta gratificante observar el espectaculo de la naturaleza cuando no tienes que sufrirlo. Desde esta altura, se ve la ría con tupé de olas y las ramas de los árboles sufriendo histeria colectiva; hay bolsas y cartones que vuelan como gaviotas borrachas... en fin, son días en que notas que el mundo gira.  

Los gatos somos semejantes a dioses, bien lo sabían los egipcios y lo sabe mi humano, que sigue imitando mi vida; el ejemplo a seguir, aunque dificil de conseguir, porque no crean que alcanzar el gozo felino está al alcance de cualquiera. El sentirse feliz con estar simplemente vivo exige duro esfuerzo y concentración constante, sobre todo en los humanos, que vagan por los campos del deseo como ratones silvestres. Pero cualquier bípedo, como le pasa al mío, ya se siente confortado con alcanzar un atisbo de esa placidez que yo disfruto diariamente. Es así de humilde. 

Ya lo manifestaba Montaigne, noble prudente y tranquilo, ensayista a ratos y muy francés en su gusto por los guantes perfumados, que la principal ocupación de su vida consistía en pasarla lo mejor posible. Lean sus ensayos, que destilan sabiduría.

martes, 2 de agosto de 2022

Romanos del tercer milenio

 



 Ya dije en otras ocasiones que a mi humano le gusta vestirse de romano y yo no voy a criticar sus gustos y manías, porque las hay mucho peores para uno mismo y los demás. Por otra parte, el mundo de la reconstrucción histórica es difícil de comprender, tanto si eres un profesional de la materia o un simple aficionado que devore dramas históricos, ya que, en esencia, no es más que una variante del romanticismo, una forma de sensibilidad. 

 No me estoy refieriendo a las empresas de espectáculos "históricos", que buscan ganarse la vida con shows teatrales, las cuales están en su derecho de imitar a Ben-Hur, Gladiator y otros éxitos de Hollywood porque es lo que demanda la gente en una fiesta popular de "temática histórica", de las que cada vez abundan más en nuestro país. Viven de ese público y se esfuerzan en agradarlo. Además, muchos lo hacen mejor que sus fuentes de inspiración. 

  El problema, que siempre es el mismo en las aficiones de nicho, es que muchos usan a otros para ganar dinero o alimentar su ego. Suele ser ambas cosas a la vez. De ahí los numerosos eventos recreadores anuales, que se las dan de serios, donde participan asociaciones "sin ánimo de lucro", que no son más que chiringuitos de grupos locales, siempre dirigidos por los mismos, de escasa proyección más allá de la calle mayor del pueblo, que recrean a su gusto una época y bajo monopolio subvencionado.

 Pero siempre habrá recreadores que no busquen espectadores, eventos propios, subvenciones locales, cicatrizar sus egos, ni fotos en el periódico local; recreadores que solo quieran vivir y sentirse en otra época, pese a que no sea más que una ilusión pasajera teñida de melancolía. Como los de la foto de arriba, que fueron a plantar sus tiendas legionarias en los restos del campamento romano de Aquis Querquennis, en Orense.

 Lejos de lo moderno cotidiano, los recreadores de las tiendas de la foto intentan palpar, al menos en sueños, los fantasmas de la antigüedad que evoca el lugar, en un paisaje que recuerda un mundo perdido bajo las olas del tiempo. En este caso, olas muy literales, ya que está cerca de un pantano moderno, que, cuando se llena en invierno, inunda parte del campamento. Toda una alegoría.

 Es probable que estos recreadores, en la oscura noche del campamento milenario, sintieron que los siglos se volvían un solo ayer y se acercaron, más que nadie en el tiempo, a los habitantes de un imperio que ya solo es piedra de ruinas. Es probable, sí, y envidiable. 

En fin, la humanidad siempre sueña, pero pocos viven sus sueños. Los recreadores de esas tiendas de la foto lo hacen y son afortunados. Quizá por eso muchos los llaman friquis.     



  

lunes, 27 de junio de 2022

Elkano, de Enrique Santamaría

 


No es la primera vez que hablo de Enrique Santamaría, que mi humano considera amigo, y que también se atreve a escribir historias. Ya lo hice aquí en su momento. Pero ahora debo insistir en recomendarlo y hasta elogiarlo, siempre dentro de las limitaciones felinas para estos sentimientos. El dignarme a recomendarlo se debe a que es un justo ganador del XXV premio Nostromo, que no es poca cosa y que... no, culturetas de salón, no tiene nada que ver con una nave de carga con Alien pasajero, sino con el ilustre Joseph Conrad y las aventuras marinas.

Porque si hay una aventura de navegación que merezca ser novelada es la de Elcano, Magallanes y el resto de audaces que se atrevieron a llegar a las Molucas por donde nadie había ido y, como añadido de postre, descubrir un paso entre el Atlántico y el Pacífico y dar la primera vuelta al mundo. Tal historia, con todos sus recovecos políticos y económicos, nos la narra con inteligencia Enrique en esta novela, donde caben las ambiciones políticas de los poderosos, la soberbia de la nobleza, la lucha por las rutas comerciales entre España y Portugal, el afán de exploración de marinos curtidos, romances exóticos, crueles venganzas, conspiraciones de camarote, batallas navales y decenas de personajes con  historia propia que giran alrededor de una saga familiar que se extiende mucho más allá del famoso viaje y que es narrada con todo lujo de detalles. Más que una biografía, esta novela es la descripción de una época determinada, las primeras y locas décadas del XVI, que cambiaron la mirada que se tenía del mundo, aunque no el orden establecido, que siguió sujetando el mango de la sartén.

 La novela demuestra, a simple vista, un duro trabajo de investigación en las fuentes de la época y el personaje principal. Después de todo, Enrique sabe lo suyo de historia económica, como ya lo dejó de manifiesto en sus novelas romanas, y también sabe describir sus vericuetos sin caer en digresiones académicas que rompan la lectura, que de esos hay muchos y muy famosos.

 El único pero que le pongo a la obra es la falta de algún mapa, que no es que abunden los geógrafos entre los lectores, y, sobre todo, la falta de un personaje felino, totalmente imprescindible en aventuras marinas, terrestres o espaciales. Joder, es que no aparece ni un personaje acariciando a uno de mis congéneres. 

 En fin, quitando esa falta casi imperdonable, nos encontramos ante la mejor novela del autor y una digna premiada que debe estar en la biblioteca de cualquier amante de las gestas marinas.

 Ya se van apurando.

Enlace a la obra

 

 

lunes, 25 de abril de 2022

Los recuerdos son como una lata de atún vacía

 


 Mi humano anda estos días recogiendo en casa de su difunta madre recuerdos de su niñez y juventud. En estos casos, los humanos se vuelven melancólicos y divagan sobre tiempos pasados, porque los bípedos tienen la manía de examinar a menudo su memoria, incluso se quejan de ella, pero oirás a pocos hacerlo de su inteligencia. 

 Normalmente, los tiempos pasados los consideran mejor que los actuales, lo cual, si se piensa un poco, es una confesión de que sus vidas han sido una mierda. Sin embargo, los que tienen gatos, no se dan cuenta de que tenerlos en el presente, sin haberlos tenido en el pasado, es todo un mérito y pueden dar su vida por realizada.   

  Por otra parte, mi humano es de los que piensan que el pasado debe quedarse en su sitio, que es atrás, y cualquier recuerdo no es más que una interpretación, en general, positiva, de momentos dispersos, imágenes fugaces, que gracias a otro recuerdo, un objeto, una foto de una fiesta, o un olor a papel viejo, despiertan de repente. Son la parte visible del iceberg de momentos que está sumergido en nuestra memoria, y que en sus olas se acabará diluyendo. 

 En fin, que todos somos una rutina en continuo olvido, que despierta de vez en cuando para recordar alguna tontería que se considera muy importante. Para alegrarte el día o para maldecirlo.

 Está claro que mi influencia felina ha mejorado las defensas de mi humano ante la melancolía de los tiempos pasados, que no deja de ser una enfermedad de espíritu. Por eso los gatos vivimos en un continuo presente y usamos la memoria solo para que no nos pillen las mentiras. Porque los mentirosos deben tener buena memoria y excelentes recuerdos inventados. Si lo sabré yo.


miércoles, 23 de febrero de 2022

En la ventana

 



 Otro año más y sigo igual de vago. Me pongo junto a la ventana y contemplo la calle durante horas de meditada observación. Mi humano, triste figura, sigue liado con sus manías, filias y escritos varios. Es un caso perdido, ajeno a la verdadera comprensión de las cosas que ofrece un cristal entre tú y el resto del mundo. 

 Un cristal te aisla del frío, te permite distanciarte de lo que ves sin perder ningún detalle y deja que el sol te caliente la cara (cuando el sol aparece, que por aquí es difícil).  Así que una ventana te da casi de todo. No se puede pedir más de la vida, aparte de una lata de atún y pechuga de pollo bien troceada. El resto son deseos innecesarios.

 Sin embargo, los humanos nunca comprenderán la oportunidad que les brinda una ventana, se lían en tonterías, anclan la vista a paredes luminosas que llaman pantallas y piensan que lo que ven es la realidad. Incluso se cabrean porque lo sea, como si fuera una condena inevitable. Bueno, tampoco se puede pedir mucho de unos bípedos despeluchados, porque ya es un logro que comprendan su inferioridad y nos traten como seres a un nivel inalcanzable.

Ahora que estoy viendo al perro del vecino... sí, hay cosas más tontas que el ser humano.

martes, 17 de agosto de 2021

Roma tiene noches de lluvia (Otra novelita)


 Pues mi humano ha vuelto a perpetrar una de sus canalladas. Ha editado otra novela de aventuras de las suyas para que los sufridos lectores veraniegos no se queden sin su tortura anual. Esta vez de romanos un poco peculiares en época del emperador Adriano. 

 Si fuera un gato de los que tanto adoran los humanos recomendaría la novela soltando alabanzas de su elaborada prosa y fino argumento. Pero yo soy un gato normal, así que soy sincero: No encontrarán nada de esas dos cosas en el argumento. Allá ustedes si la compran, que yo no voy a dejar de vivir como un sultán, pero si son bondadadosos tengan un poco de misericordia de mi humano y hagan el magnánimo gesto de echar un vistazo a la novela, incluso comprarla, que vale lo que un café mañanero. 

 Pinchen en AQUI y les llevará a la página de la obra, donde podrán echarle un vistazo y ver su publicidad.

 La portada es de Rojocuarzo, el simpático malagueño ilustrador.

  Les dejo tranquilos. Yo más ya no puedo ni quiero hacer por mi humano, no se merece mi interés. Es el verano, que me vuelve vago.

miércoles, 14 de abril de 2021

Esos cincuenta

  


   Mi humano ha llegado al medio siglo. Pertenece a una especie que piensa que vivir mucho es una buena idea. La cantidad por calidad, el viejo dilema de la existencia que los gatos hemos resuelto hace mucho.

 Como cumplir años vuelve melancólicos a los humanos, el mío recordó el otro día un episodio de su infancia, cuando paseaba con su padre, una tarde de verano, por la orilla de la playa. Mi humano tenía ocho años y su padre acababa de cumplir los cincuenta. Se pueden imaginar que para el niño tal edad resultaba lejana y misteriosa, una cumbre lejana que a su padre debía haber costado esfuerzo y penurias. Por lo que preguntó a su padre, con total inocencia, si se había vuelto un viejo. 

 La reacción fue súbita, sin palabras, su padre corrió de repente al mar y, entre chapoteos de buey, porque era gordo de barriga orgullosa, se lanzó de cabeza a una ola que llegaba a la orilla. Luego surgió tras la espuma, como lomo de cachalote, nadó a toda prisa unos cinco metros, sin levantar la cabeza, frenó, tomó aire a boca abierta, y se volvió andando con el agua a la cintura, dando pasos de cruzado por Jerusalén.

-¿Qué, te parezco viejo? - le respondió al llegar a su lado, entre jadeos pero aguantando el tipo..

 Mi humano se quedó sorprendido de la vitalidad de su padre a una edad que, desde la perspectiva de sus ocho años, sospechaba que era la pura ancianidad. La sorpresa fue de tal magnitud que es uno de los recuerdos más claros que le quedan de su padre. Sobre todo porque nunca más lo volvió a ver nadando o corriendo.

Me dan ganas de preguntarle si ahora él se siente viejo. Quizá sea divertido verle saltar en la bañera. 

 

 

viernes, 8 de enero de 2021

Recomendación de invierno

 


 Tras unos meses de absoluta y reconfortante vagancia, como buen felino, me he animado en este principio de año a desearos un año un poco mejor que el anterior, que tampoco es pedir mucho. No es que tenga afecto por la humanidad, no merece ni una pizca, pero la considero necesaria para mi bienestar y me agrada que le vaya bien. 

 También aconsejo que se practique la lectura más a menudo, al menos a nivel básico, que veo que los bípedos cada vez se anotan mas a las explicaciones, teorías e historias narradas mediante videos cortos. Como apenas tienen olfato y su oído es pésimo, es normal que lo centren todo en la vista, pero al menos la lectura es un ejercicio visual que obliga a pensar y ejercitar la reflexión, aunque solo sea para comprender el texto que se lee. Es una pena que la abandonen por bustos parlantes que en pocos minutos intentan explicarte la evolución de imperios milenarios o la teoría de cuerdas, para satisfacer la cada vez más fugaz curiosidad humana. Se centran más en admirar y comentar el delgado barniz de las cosas y no la gruesa madera que las cubre... con lo agradable que es rascarla.  

 Allá vaya la humanidad, mientras me siga dando atún. Yo les recomiendo para este invierno un libro muy acorde con los tiempos: Corto y claro. Pero, a diferencia de muchos, también inteligente. Me refiero a Parpadea , de David P. Sandoval. Un amigo de mi humano preferido del que ya he comentado otras obras en años anteriores. Lean esta colección de cuentos cortos, teñida de negrura existencial y apocalíptica, desde búnkeres sin futuro a maldiciones de reyes cangrejo, que viven ustedes tiempos de distopía y hay que sacarles jugo. La otra opción es el canal Disney, el imperio de un ratón. Horror.

 


miércoles, 19 de agosto de 2020

Dioses y robots

 


 
 Sabemos que los griegos fueron pioneros en la mayoría de las ciencias y sentaron la base del pensamiento moderno, cuando separaron a los dioses del origen de las cosas y decidieron poner en marcha esa facultad que los humanos llaman razonamiento. 
 Pero se les ha tildado de centrarse en la naturaleza, la ética y la política. A debatir más que a construir. Quizá porque las obras que sobrevivieron de su época, filtradas por las generaciones posteriores o el simple azar, tratan en su mayoría sobre estos temas. Pero Adrianne Mayor nos muestra que en Grecia hubo interés, desde sus orígenes, por la tecnología y sus consecuencias para la humanidad. 
 En su mitología hay tanta mecánica como magia. En sus mitos se diferencia claramente la "techne", la técnica, de lo mágico. Vemos a Hefesto, que es un dios que diseña y fabrica aparatos mecánicos que hoy llamaríamos robots o androides. Desde Talos, el gigantesco robot de metal que defendía Creta, por cuyos conductos fluía el icor de los dioses, pasando por sus sirvientas de oro dotadas de IA, el perro y el águila de bronce para Zeus, los trípodes autómatas con ruedas para los banquetes divinos, hasta llegar a la bella Pandora, que no es más que un androide "fabricado, no nacido", programado para llevar el desastre a la humanidad. Por otra parte, Dédalo se convertirá en el paradigma mítico del inventor y por toda Grecia corrían mitos sobre aparatos "dedálicos" y sus variadas aplicaciones.
   Este interés por la técnica en la mitología popular, tiene su correspondencia en la realidad, donde conocemos noticias de la existencia de una literatura técnica, ya desde época temprana, con obras sobre construcción de autómatas y mecanismos complejos, que culminará en la Alejandría de los Ptolomeos donde la construcción de máquinas y automatismos, en su mayoría para entretener a la Corte o asombrar al pueblo, se convertirá en una moda y llegará al extremo de los costosos experimentos por parte de Ptolomeo II en busca... ¡de la levitación magnética!
  Adrianne Mayor nos muestra una cara de la Grecia Antigua desconocida hasta ahora, una Grecia casi cyberpunk en sus experimentos con el magnetismo, el vapor y el aire comprimido, pero que se limitaba a experimentar y entretenerse, a la búsqueda de lo más novedoso y asombroso, sin buscar aplicaciones prácticas. A crear por capricho y curiosidad. 
 En el fondo, los griegos eran muy felinos. Por eso me encantan. 

 

miércoles, 27 de mayo de 2020

El Sol Desnudo





 En estos días de aislamiento entre humanos y donde pararse para hablar en la calle suena a pecado, no hay nada como una novela que nos presenta una sociedad donde la gente tiene asco de estar en grupo, tocarse entre sí y ni siquiera desea verse de cerca... a menos que sea por hologramas. Si además hay un asesinato por medio y una estructura semejante a las novelas de Agatha Christie, donde el lector recibe todos los datos en los primeros capítulos para que tenga la oportunidad de resolver el crimen antes del final, entonces tenemos una bien amalgamada historia de misterio y estudio social.

 Asimov pertenece, y se puede decir que lidera, a la era clásica de la Ciencia Ficción americana, que va de los 50 a los 70, y esta es una de sus novelas más peculiares y entre las más conocidas en su prolífica carrera, que pertenece a sus historias de robots, que junto con la saga de La Fundación son sus obras más destacables.
 Todo empieza cuando ocurre un asesinato en el planeta Solaria, una colonia humana donde solo viven 20.000 personas solitarias, alejadas unas de otras por amplios espacios y servidas por un ejército multitudinario de robots parcos en palabras, que hacen las tareas rutinarias, mientras los solarianos se dedican en sus enormes latifundios a la ingeniería robótica, el arte abstracto y al diseño de sus descendientes, de manera que no tengan que juntarse para el asqueroso y repulsivo acto de reproducirse. Todos los solarianos desde que nacen son criados, educados y mantenidos por solícitos robots. El contacto social con otros humanos es visto con profundo desprecio, teñido de un silencioso miedo que llega al asco. Yo, como gato, apruebo este argumento con sonoros aplausos.

 Así que cuando ocurre un asesinato, surge una verdadera conmoción. Porque no ha podido ser uno de los millones de robots del planeta, ya que nunca infringen las tres leyes de la robótica, la primera de las cuales prohíbe matar humanos. Así que ha tenido que ser un solariano, por absurdo que parezca.
 Para resolver este inconcebible misterio llegan desde la primitiva y promiscua madre Tierra, llena de gente que se toca, habla de cerca y hasta se besa, el detective Elijah Baley y su compañero robot R. Daneel Olivaw, que comenzarán una ardua investigación entre los distantes y esquivos solarianos.

 Pero el Sol Desnudo no es solo una novela de crimen y misterio en un mundo futurista, o más bien, alternativo a la Tierra. En esta novela, Asimov deja a un lado su probada habilidad para ofrecer entretenimiento y aventura espacial, propio la Ciencia Ficción americana de su época, y se pasa al estudio de una sociedad humana tecnificada, hasta el extremo de abandonar el contacto social y adorar el aislamiento autista de sus miembros como cumbre y meta de la civilización.
 Más de una vez el lector podrá hacer inquietantes paralelos entre los aislados solarianos y nuestro momento actual, y no solo me refiero a la pandemia.

  Pero aparte de todo esto, la novela también es una historia de amor, única y original en la literatura, entre un personaje agorafóbico, que no soporta los amplios exteriores de Solaria, y otro obsesivo-compulsivo, que no soporta ser tocado, los cuales protagonizan una de las escenas finales más logradas de la historia de la ciencia ficción.

Verán como es difícil de olvidar la frase que da origen al título:
"Vio como sus rayos bañaban hasta el último rincón de la ciudad, los rayos del sol desnudo"

 Me recuerda mis siestas en la terraza.