sábado, 28 de enero de 2012

Orgullo y Fortalezas




En la web Espada y Brujería han sacado una crítica corta a la novela de mi amo, la primera, escrita por José V. Bau. No la pone mal con frases como "Una novela bien documentada y con reflexiones interesantes que no es demasiado costoso leer..."   Aunque tampoco es que la pongan por la nubes y la consideren una obra de arte. Pero a mi amo le ha bastado para sentirse olímpico y respirar henchido de orgullo y satisfacción, como los monarcas. Es así de simple, el pobre. Esperemos que las próximas lo pongan en su sitio.
 Por otra parte, quizá llevado por la sensación épica que le embarga, se ha puesto a leer un libro curioso pero bellamente ilustrado sobre fortalezas de los siglos XVI-XVIII en su tierra chica. Una pequeña maravilla histórica y bibliográfica, según dice, cuyo título espanta a primera vista por su academicismo y no deja entrever su elaborado interior, repleto de descripciones detalladas, historias de sueños imposibles faltos de presupuesto, planos de fortalezas geométricas; estéticas y a la vez prácticas, adornadas con cañones, baluartes, tenazas y estandartes ondulantes. El orgullo de una época y que hoy están, en su mayoría, arruinadas bajo la maleza, escondiendo entre sus grietas historias de pólvora, mosquetes y fieros desembarcos que el mundo ha olvidado.
En fin, los humanos son así. Tienen la suerte de tener conciencia del paso del tiempo, pero a la mayoría les importa un bledo. Prefieren imitar a los míos y vivir en un continuo presente que, encima, está más lleno de amarguras que de ronroneos. 
 El mundo está lleno de malos imitadores de gatos.
  

lunes, 16 de enero de 2012

Revista Stilus



 Desde hace unos años mi amo participa en la elaboración de una revista de historia antigua, Stilus, centrada en la península ibérica. No deja de ser una afición estúpida como suelen serlo todas las aficiones no remuneradas. Al menos a mi amo no le lleva excesivo tiempo, pues no escribe los artículos, sino que los evalúa y da el visto bueno. Aparte de opinar y participar en el desarrollo del la revista. Pero vamos, que su principal trabajo es ser una especie de censor. Oficio que considero que le produce un vicioso y oscuro placer.
La revista es digital, de descarga gratis total; gesto hippy que loa a sus editores, según algunos, o que mengua su labor y los hunde en el friquismo divulgativo, según otros. Yo, como gato, no opino sobre la revista porque no la leo, ni opino sobre la labor de los editores, porque no la conozco realmente, aunque conociendo a mi amo me puedo hacer una idea de la panda de pirados con proyectos delirantes que pueden ser.
El verdadero creador y amalgama del proyecto es un tal Roberto Pastrana, que mi amo considera un individuo muy válido. Si él lo dice no le voy a criticar su opinión.
 Creo que a ese Roberto le gustan los gatos, lo cual, en teoría, es muestra de sabiduría y saber estar. Pero también le gustan a mi amo y es todo lo contrario a esas virtudes. Aunque quizá sea la excepción a regla. Sí, debe serlo. No se puede querer a los gatos y ser tan gilipollas a menos que se sea una excepción... ¡Maldita sea, me ha tocado la excepción a la regla!
En fin, no hay desgracia que no cure una lata de atún.

miércoles, 4 de enero de 2012

Días de barbudas creencias




Las crías humanas creen que unos hombres barbudos en camellos, disfrazados de adivinos de teletienda, entran en sus casas mientras duermen y les regalan cosas la noche del 5 de enero. Al despertarse, descubren los regalos, normalmente bajo un árbol muy hortera colocado en el salón que, a su vez, conmemora el nacimiento del hijo de un Dios el 25 de Diciembre. A ambos, Dios e hijo, también los representan como barbudos. Además, ese mismo día 25 los cachorros humanos también creen que un viejo barbudo (y orondo) con pijama de lata coca-cola les trae regalos mientras duermen.  
 Perdonen la brevedad de la explicación, pero hace tiempo que me limito a describir las costumbres humanas sin buscar entenderlas. Mejor ejemplo no les puedo dar.
 Los humanos mayores no hacen nada por quitarles esas ideas erroneas, incluso las fomentan, hasta que las crías son lo suficiente mayores para percartarse de la gilipollez intrínseca a semejantes creencias. Descubren que los padres son realmente los barbudos que dan regalos. A partir de ese momento, duermen menos y muchos se dejan barba.
 Mi amo, al ser mayor, ya no cree en barbudos que traen regalos. Pero no se ha dejado barba. Tampoco pone un árbol hortera en el salón, quizá porque no tiene crías que se lo demanden. Eso sí, hace regalos y espera que se los hagan. Normalmente, esto último no pasa, y mi amo lamenta los buenos tiempos de su juventud, cuando llegaban por el aire, en trineo o camellos, barbudos disfrazados a darle regalos mientras dormía.
 Y a los gatos nos llaman irracionales.