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viernes, 22 de febrero de 2013
Febrero desde la ventana
Transcurre plácidamente el invierno, al que veo pasar desde la ventana, envuelto en nubes y truenos lejanos, que se diluyen entre sombras de lluvia.
Es bonito vivir en Galicia si tienes buenas vistas desde la ventana y eres un gato doméstico que no sale al exterior más allá de la terraza; puedes seguir con ojos golosos el vuelo de las palomas sobre un cielo de infinitos grises, y también, con cierto temor, el planear de las gaviotas, esos bichos proclives a brotes psicóticos que, a veces, se posan en la barandilla del balcón y me miran como un leopardo a un cabritillo. Yo, seguro tras el cristal, siempre les hago una peineta y sonrió con felino sarcasmo.
Mi amo, por llamarlo así, sigue publicando tonterías en otro blog sobre gente sin interés, aparte de mostrar su orgullo por la salida de otro nuevo número de la revista Stilus, y van diez de este proyecto amateur y algo masoquista. Les recomiendo su lectura si les gusta la Historia de los tipos que llevaban falditas.
Por otra parte, también les recomiendo una visita a un reino curioso, The Underwater Realm, donde podrán comprobar que con creatividad y ganas se pueden hacer cortos evocadores llenos de misterio. Han hecho cinco hasta ahora y en cada uno sugieren infinidad de historias. A ver si en alguno sacan un gato.
Les dejo, que tengo mucho que mirar desde mi ventana de vagancia, y mucha gaviota atrevida que cabrear. Recuerden en estos días grises, propensos al aburrimiento, que, tal como decía Erasmo, es de tontos reírse de todo, pero más tonto no reírse de nada.
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Revista Stilus,
Tabula,
The Underwater Realm
jueves, 29 de noviembre de 2012
Juguetes Peludos
Por aquí sigo, como buen gato en otoño, riéndome de mi amo y usándo su cuerpo como colchón durante las frías noches.
El tipo ha publicado otro de sus personajes secundarios en ese otro blog que tiene compartido con friquis de la historia como él. Les he puesto el enlace por si no tienen mejores cosas que hacer en su navegueo por la red.
Allá él y sus manías. Yo prefiero seguir filosofando, o sea, amando el sofá. Es un arte elaborado, no crean que es un simple acto de hedonismo. Los gatos somos unos artistas de la pereza que buscamos la perfección en nuestras composiciones. Por desgracia, los humanos solo se fijan y nos dan importancia por nuestros actos más chabacanos, como cazar ratones.
Esto viene a cuento porque hace unos días aparecieron ratones en el piso donde vivo con mi amo. Es lo malo de vivir cerca del monte, que te acaba entrando en casa.
El primero que hizo acto de presencia causó conmoción en todos nosotros. En mí despertó mi instinto cazador, en mi amo un cabreo manifiesto y en su mujer cierto cariño por lo criaturilla roedora. Pero coincidimos todos en que sobraba. Así que emprendimos la caza, guiados por mis facultades innatas de depredador. El roedor fue pronto localizado por mis sentidos en alerta, oculto dentro de una mesilla. Mi amo, tras darme una caricia y ponerse unos guantes, como si aquel bicho fuera un especimen radioactivo, lo agarró por la cola, lo metió en una bolsa y a continuación lo llevó al monte cercano para ser, oh dioses gatunos, liberado con todos los honores.
Sí, ya lo sé, no debo señalar nada al tontaina de mi amo. No tiene ni idea básica de la realidad natural. Un ratón nace para ser comido o usarse como juguete, no para ser tratado como un Napoleón derrotado. Si despierta Darwin le parte la cara.
Dos días después, el segundo ratón que localicé ya no tuvo tanta suerte. No di la voz de alarma a mi amo. Decidí darme el gustazo con él en la más agradable de las intimidades felinas. Fue estupendo. No me lo comí, porque no me gustan las cosas peludas sin denominación de origen, pero nunca me divertí tanto jugando al frontón. He descubierto que un ratón es una pelota perfecta para darle manotazos... pimba, pumba, traca... una gozada. El bichejo quería escapar, pero quedó tan atontado, ya tras el primer golpe, que daba eses y giros sin parar, cual peonza borracha, aumentando mi diversión hasta cotas salvajes. Gracias a su peludo y pelotudo cuerpo, debo reconocer que mi volea ha mejorado una barbaridad.
Pero el desgraciado de mi amo me descubrió en plena juerga y me quitó el juguete, para tratarlo otra vez como un valiente general merecedor de la libertad en campo abierto. Ver para creer. No me extraña que la Humanidad esté en crisis económica y de valores. No tiene ya sentido natural.
Si aparece un tercer roedor le ayudo a esconderse a cambio de que me deje de vez en cuando darle unos reveses como la naturaleza demanda. No me queda más remedio que llegar a un acuerdo con un animal inferior y potencial juguete, es lamentable, pero es que necesito mejorar ese golpe.
Y a mi amo y sus neuras morales... que les den.
Esto viene a cuento porque hace unos días aparecieron ratones en el piso donde vivo con mi amo. Es lo malo de vivir cerca del monte, que te acaba entrando en casa.
El primero que hizo acto de presencia causó conmoción en todos nosotros. En mí despertó mi instinto cazador, en mi amo un cabreo manifiesto y en su mujer cierto cariño por lo criaturilla roedora. Pero coincidimos todos en que sobraba. Así que emprendimos la caza, guiados por mis facultades innatas de depredador. El roedor fue pronto localizado por mis sentidos en alerta, oculto dentro de una mesilla. Mi amo, tras darme una caricia y ponerse unos guantes, como si aquel bicho fuera un especimen radioactivo, lo agarró por la cola, lo metió en una bolsa y a continuación lo llevó al monte cercano para ser, oh dioses gatunos, liberado con todos los honores.
Sí, ya lo sé, no debo señalar nada al tontaina de mi amo. No tiene ni idea básica de la realidad natural. Un ratón nace para ser comido o usarse como juguete, no para ser tratado como un Napoleón derrotado. Si despierta Darwin le parte la cara.
Dos días después, el segundo ratón que localicé ya no tuvo tanta suerte. No di la voz de alarma a mi amo. Decidí darme el gustazo con él en la más agradable de las intimidades felinas. Fue estupendo. No me lo comí, porque no me gustan las cosas peludas sin denominación de origen, pero nunca me divertí tanto jugando al frontón. He descubierto que un ratón es una pelota perfecta para darle manotazos... pimba, pumba, traca... una gozada. El bichejo quería escapar, pero quedó tan atontado, ya tras el primer golpe, que daba eses y giros sin parar, cual peonza borracha, aumentando mi diversión hasta cotas salvajes. Gracias a su peludo y pelotudo cuerpo, debo reconocer que mi volea ha mejorado una barbaridad.
Pero el desgraciado de mi amo me descubrió en plena juerga y me quitó el juguete, para tratarlo otra vez como un valiente general merecedor de la libertad en campo abierto. Ver para creer. No me extraña que la Humanidad esté en crisis económica y de valores. No tiene ya sentido natural.
Si aparece un tercer roedor le ayudo a esconderse a cambio de que me deje de vez en cuando darle unos reveses como la naturaleza demanda. No me queda más remedio que llegar a un acuerdo con un animal inferior y potencial juguete, es lamentable, pero es que necesito mejorar ese golpe.
Y a mi amo y sus neuras morales... que les den.
viernes, 4 de mayo de 2012
Otra de júbilo insoportable
El mundo humano que me rodea se hunde en el caos económico, que a este paso pronto será social, pero mi amo sigue a su bola y anda de nuevo exultante, apoteósico y alelúyico. Se le ha pasado la pena en un plis plas, porque su novela ha recibido otra buena crítica en Abandomoviez y no le cabe tanto empalago en el cuerpo. Está insoportable conmigo; venga arrumacos, caricias y besos babosos mientras reparte bendiciones urbi et orbe, como sacerdote de su propio ombligo.
Dioses gatunos, oid mi súplica y castigadlo sin piedad, que solo pueda escribir poemas de amor a las cabras del monte. Que se vaya tras ellas ladera arriba, declamando versos, y me deje en paz de una vez.
Dioses gatunos, oid mi súplica y castigadlo sin piedad, que solo pueda escribir poemas de amor a las cabras del monte. Que se vaya tras ellas ladera arriba, declamando versos, y me deje en paz de una vez.
Por otra parte, siguiendo su manía de meterse en berenjenales, anda enfrascado en la creación de un blog para la revista Stilus, que tanto adora y mima, pero a su perezosa manera, claro.
Junto a los otros miembros del consejo editorial ( rimbombante nombre) está decidido a progresar en este proyecto de revista histórica, proporcionándole un blog donde anunciar artículos, publicar avances y comentar todo lo relacionado con la revista y sus colaboradores. Pronto lo sacarán a la luz y lo publicitarán con bombo y platillos por la red. Qué horror.
Será un primer paso a mayores logros y desarrollos editoriales, como concursos y publicaciones especiales, me comenta mi amo, con cara de cuento de la lechera. Ya veremos, pienso yo, como gato que soy, y por tanto sin necesidad de soñar con las esperanzas del futuro, como los patéticos humanos.
Ya veremos... y le pido atún con el maullido habitual, mientras le indico que se apresure enseñando mis garras, que no estoy para cuentos.
Etiquetas:
Revista Stilus,
Tempus Vesanicum
lunes, 16 de enero de 2012
Revista Stilus

Desde hace unos años mi amo participa en la elaboración de una revista de historia antigua, Stilus, centrada en la península ibérica. No deja de ser una afición estúpida como suelen serlo todas las aficiones no remuneradas. Al menos a mi amo no le lleva excesivo tiempo, pues no escribe los artículos, sino que los evalúa y da el visto bueno. Aparte de opinar y participar en el desarrollo del la revista. Pero vamos, que su principal trabajo es ser una especie de censor. Oficio que considero que le produce un vicioso y oscuro placer.
La revista es digital, de descarga gratis total; gesto hippy que loa a sus editores, según algunos, o que mengua su labor y los hunde en el friquismo divulgativo, según otros. Yo, como gato, no opino sobre la revista porque no la leo, ni opino sobre la labor de los editores, porque no la conozco realmente, aunque conociendo a mi amo me puedo hacer una idea de la panda de pirados con proyectos delirantes que pueden ser.
El verdadero creador y amalgama del proyecto es un tal Roberto Pastrana, que mi amo considera un individuo muy válido. Si él lo dice no le voy a criticar su opinión.
Creo que a ese Roberto le gustan los gatos, lo cual, en teoría, es muestra de sabiduría y saber estar. Pero también le gustan a mi amo y es todo lo contrario a esas virtudes. Aunque quizá sea la excepción a regla. Sí, debe serlo. No se puede querer a los gatos y ser tan gilipollas a menos que se sea una excepción... ¡Maldita sea, me ha tocado la excepción a la regla!
En fin, no hay desgracia que no cure una lata de atún.
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