jueves, 12 de julio de 2012

Odontología Trascendental




 Ha pasado cierto tiempo sin que escriba aquí. Es el verano que me distrae, con sus palomas tentadoras que se posan en la baranda de la terraza, su solete al mediodía pugnando con las nubes eternas de estos lares y los gritos de los turistas que llegan al pueblo y descubren que los partes del tiempo sobre Galicia no son una conspiración mediática.
 También están las quejas de mi amo, que con su problema dental (ya le faltan dos muelas)  me da más de una tarde. Pronto le harán una endodoncia, o como se diga, y otros tratamientos de nombre griego evocadores de terribles tormentos. A ver si mejora algo o la espicha directamente por culpa de su Stalingrado bucal y deja de molestar.
 Su sufrimiento odontológico, macerado de vez en cuando con anti inflamatorios y otras drogas medio duras, le hace de vez en cuando delirar, y como en estado natural ya tiene la imaginación un tanto desbocada, se pueden hacer una idea de los desbarres que se le ocurren empachado de tripis legales. Proclama que gracias a la odontología ha llegado a comprender la esencia del ser y la belleza del no-ser, que no sé que son, pero a los humanos parece que les trae de calle saberlo y hasta han montado guerras por ello.
 Embrigado de semejante certeza y henchido de orgullo filosófico, se pasa mucho rato conmigo en la terraza de la cocina.  Aunque, en vez de dormitar como hago yo, mira el horizonte como si el Apocalipsis se mostrara ante sus ojos. Sin embargo, yo solo veo unas cabras y una vaca con su ternero, propiedad de un vecino. Imagen bucólica a rabiar y carente de cualquier significado más allá del pastoril. Pero bueno, soy un gato. Quizá mi amo vea otras cosas más flipantes o saque conclusiones trascendentales de la visión de varios rumiantes. El dolor odontológico debe estar muy cercano al ontológico, como repite mi amo cual
mantra tibetano. Y bueno, quizá tenga razón. Al menos a mí, me suenan parecido.
 Sin embargo, su mujer me aclara que lo que pasa es que se ha vuelto gilipollas.
 Entre tanta meditación y dolor bucal, mi amo escribe poco este verano. Sigue con su eterna novela, paso a paso, párrafo a párrafo, pero  sin devoción manifiesta. También ha subido en el blog Tabula un nuevo artículo de su serie sobre personajes secundarios de la Historia.
En fin, mientras no se olvide de mi atún, le permito cualquier cosa.
 A ver cómo sigue durante el verano.

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